El método Apollo es un procedimiento endoscópico que reduce la capacidad del estómago sin necesidad de cirugía, facilitando una sensación de saciedad más temprana y promoviendo una pérdida de peso progresiva. La intervención se realiza bajo anestesia general en aproximadamente 90 minutos, con una recuperación rápida que permite retomar la ingesta de manera progresiva en las primeras horas.
Está indicado para personas con IMC a partir de 30, especialmente aquellas que buscan una alternativa a la cirugía bariátrica y desean un proceso acompañado, respetuoso y orientado al cambio de hábitos a largo plazo. Además de favorecer la pérdida de peso, este enfoque integral puede contribuir a mejorar patologías asociadas al exceso de peso, como la diabetes, hipertensión o alteraciones del colesterol, logrando resultados que en muchos casos rondan el 20 % de pérdida del peso corporal y promoviendo un estilo de vida más saludable y sostenible.
Programa de educación nutricional y seguimiento post-intervención
Aunque el procedimiento es eficaz por sí mismo, para que los resultados sean duraderos y saludables, el acompañamiento nutricional es fundamental a lo largo de todo el proceso. Esta intervención incluye un programa de educación nutricional compuesto por 14 sesiones distribuidas a lo largo de un año, diseñado para guiar al paciente desde la recuperación inicial hasta la autogestión de su alimentación a largo plazo.
El programa se estructura en tres fases. La primera, de adaptación y transición, se centra en ofrecer pautas prácticas y recomendaciones específicas para la alimentación tras la intervención, ajustadas a cada etapa del proceso. Posteriormente, el enfoque se orienta a la educación nutricional, incorporando de forma progresiva opciones de menús y herramientas que permiten al paciente comprender y manejar su alimentación según sus necesidades. Finalmente, se trabaja en la consolidación de hábitos saludables, favoreciendo cambios sostenibles que permitan mantener los resultados y una relación equilibrada con la comida en el tiempo.
Este seguimiento también es clave para evitar el efecto yoyo, que no depende únicamente de la alimentación, sino del adecuado control de la masa muscular. Por ello, la monitorización mediante bioimpedancia resulta imprescindible, permitiendo ajustar de forma individualizada las pautas nutricionales y asegurar resultados sostenibles.
El balón intragástrico es una herramienta temporal para el control del peso que actúa ocupando espacio dentro del estómago, ayudando a que la persona se sienta satisfecha con menores cantidades de comida. La colocación se realiza por vía endoscópica, en un procedimiento breve que no requiere cirugía y permite retomar la rutina habitual el mismo día.
Este tratamiento está indicado para personas con obesidad (IMC ≥ 30) o sobrepeso (IMC ≥ 28) con comorbilidades asociadas como diabetes, hipertensión o apnea del sueño, que desean perder peso de manera segura y guiada, especialmente aquellas que necesitan apoyo adicional para modificar sus hábitos alimentarios.. Con este enfoque integral, los pacientes suelen lograr pérdidas medias del 10 % al 16 % del peso corporal en un periodo de 6 a 12 meses.
Programa de educación nutricional y seguimiento post-intervención
El procedimiento es una alternativa provisional y para que los resultados sean duraderos y saludables, el acompañamiento nutricional es fundamental a lo largo de todo el proceso. Esta intervención incluye un programa de educación nutricional compuesto por 14 sesiones que pueden extenderse hasta un año, diseñado para guiar al paciente desde la recuperación inicial hasta la autogestión de su alimentación a largo plazo.
El programa se estructura en tres fases. La primera, de adaptación y transición, se centra en ofrecer pautas prácticas y recomendaciones específicas para la alimentación tras la intervención, ajustadas a cada etapa del proceso. Posteriormente, el enfoque se orienta a la educación nutricional, incorporando de forma progresiva opciones de menús y herramientas que permiten al paciente comprender y manejar su alimentación según sus necesidades. Finalmente, se trabaja en la consolidación de hábitos saludables, favoreciendo cambios sostenibles que permitan mantener los resultados y una relación equilibrada con la comida en el tiempo.
Este seguimiento también es clave para evitar el efecto yoyo, que no depende únicamente de la alimentación, sino del adecuado control de la masa muscular. Por ello, la monitorización mediante bioimpedancia resulta imprescindible, permitiendo ajustar de forma individualizada las pautas nutricionales y asegurar resultados sostenibles.
Los análogos de GLP-1 son medicamentos que imitan una hormona intestinal encargada de controlar el apetito, aumentar la sensación de saciedad y regular el metabolismo de la glucosa.
Este tratamiento está indicado para personas con obesidad (IMC ≥ 30) o sobrepeso (IMC ≥ 27) con enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión o apnea del sueño. Su uso puede favorecer una pérdida de peso significativa, generalmente entre el 5 % y el 20 % del peso corporal, mejorar el control de glucosa y optimizar el perfil metabólico, así como reducir la grasa abdominal y disminuir el riesgo de enfermedades asociadas al sobrepeso. Además, existen evidencias que sugieren beneficios cardiovasculares derivados de su uso dentro de un enfoque integral de salud.
Programa de educación nutricional y seguimiento para pacientes en tratamiento farmacológico
En el contexto nutricional, este tratamiento es una herramienta útil para quienes buscan mejorar sus hábitos alimentarios y alcanzar un peso saludable. Esta alternativa incluye un programa de educación nutricional compuesto por 8 sesiones distribuidas a lo largo de 10 meses.
El programa de educación nutricional y seguimiento para pacientes en tratamiento farmacológico con GLP-1 o GLP-1 + GIP está diseñado para acompañar al paciente durante todo el proceso de pérdida de peso. La finalidad no es depender del medicamento, sino que facilite la consolidación de hábitos saludables a largo plazo.
El programa se estructura en dos fases complementarias. En una primera etapa, el objetivo es ofrecer pautas claras y adaptadas sobre la alimentación durante el uso del fármaco, ayudando al paciente a comprender sus efectos y a ajustar la ingesta a las nuevas sensaciones de hambre y saciedad. De forma progresiva, el enfoque evoluciona hacia la educación nutricional, proporcionando herramientas que permitan al paciente tomar decisiones informadas y gestionar su alimentación de manera independiente.
El objetivo final del programa es que el paciente adquiera autonomía para planificar y manejar su alimentación, aprovechando al máximo el tratamiento farmacológico y consolidando hábitos saludables y sostenibles que se mantengan a largo plazo, incluso más allá del uso del medicamento.
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